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The Good Fight: Diane Lockhart y asociados

Dice una amiga periodista, Maite Fernández Castellano, que «hay muchas series y después está The Good Fight«. Yo no puedo estar más de acuerdo.

@dbora_castillo

@deboracastillobook

Cuando vi The Good wife −serie que también recomiendo desde aquí−, Diane Lockhart se erigió en mi personaje favorito sin ser la protagonista. Más tarde, con el anunció la secuela protagonizada por ella –a quien da vida la maravillosa Christine Baranski− confié en que esa vez las segundas partes no defraudarían. Mis buenos presagios se confirmaron tanto que, a día de hoy, estoy por considerar que The Gooh Wife era la precuela de The Good Fight, y no al contrario.

Estamos en plena quinta temporada y no ha habido una sola de ellas en la que mi interés haya disminuido y, a juzgar por las críticas que recibe, el de casi nadie.

Pero vamos al grano: Diane Lockhard, abogada, se ve implicada en un escándalo financiero que la obliga a abandonar su puesto de socia en un prestigioso bufete. Todos sus ahorros se esfuman por culpa de una estafa y tiene que volver a recuperar de cero prestigio y dinero a una edad en la que, supuestamente, debería de estar pensando en retirarse. Gracias a una ex empleada, entra a trabajar en un despacho afroamericano y, a partir de ahí, intentando no hacer spoilers, diré que todos los temas que toca son perlas para no echar a los puercos.

Varias reivindicaciones feministas: la de las mujeres mayores de cincuenta como protagonistas, más que interesantes, de buenas historias; la de las mujeres en puestos de dirección de empresas; la de las mujeres sumamente inteligentes que crecen y crecen sin que parezcan llegar nunca a su límite –hablo del personaje de Marisa Gold, de chica de los recados a estudiantes en la Escuela de Leyes−. También varias reivindicaciones sociales: la era Trump, las espinosas relaciones entre republicanos y demócratas llevadas a los compañeros de trabajo, la pareja y las amistades, los grupos de resistencia, el racismo y el #BlackLivesMatter.

En esta quinta temporada, la serie no afloja ni se hace pequeña a la hora de enfrentar algunos temas peliagudos por los que otras pasan de puntillas. El COVID se explica desde la perspectiva de la desigualdad de las personas y de la discriminación. Y también en ese mismo sentido, el de la brecha entre ricos y pobres, hace su aparición en escena una falsa sala de justicia que imparte la ley y opera fuera de la misma, en un local clandestino.

En fin, que lo recomiendo todo: las tramas, los personajes, las interpretaciones… Y cuando digo todo quiero decir todo, incluida la cabecera de la serie, que es excepcional. Yo suelo saltarme los créditos al principio de cada capítulo y en The Good Fight, a modo de disfrute de lo que me espera, miro las explosiones hipnóticas y sincronizadas mientras canto la melodía a voz en grito y dirijo la orquesta con los brazos en alto.  

InMagazine

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