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Susana Fortes: «‘Nada que perder’ será una miniserie»

Escribe sin un plan establecido. Deja que las historias la lleven, como la mar en la costa gallega, y el resultado es muy bueno. Además, nos confiesa que, como lectora, no le gusta que le den las cosas mascadas. Por eso, Nada que perder deja abierta la puerta a interpretaciones y lecturas varias. Todo, poniendo en el centro la profesión periodística, a la que Susana Fortes está muy ligada. Charlamos un rato con la escritora.

Sara Niño (S. N.): ¿Cuándo se te ocurrió la historia de Nada que perder?

Susana Fortes: Todas las historias nacen de alguna obsesión siempre, lo que pasa es que cuajan en un momento determinado. El origen de esta novela está en muchas historias que nos contaba mi abuela de pequeños. En Galicia hay una tradición oral muy importante. Luego, yo construyo mucho con imágenes. En ninguna de mis novelas hay un plan preconcebido: las cosas me llegan como imágenes. Yo empecé sin saber adónde me iba a llevar la historia, nunca lo sé. Es mi manera de hilar historias. Esto me obliga a estar en situación de máxima creatividad.

S. N.: Te pones a escribir… ¿y ni siquiera vislumbras el final?

Susana Fortes: No, y eso me crea problemas porque es muy cómodo escribir cuando ya tienes el final. Cuando no lo tienes, a veces, estás bastantes días en la cuerda floja. Eso crea angustia, pero siempre hay una salida.

S. N.: Terminas la novela, y ¿qué sientes?

Susana Fortes (S. F.): Por una parte, liberación, porque has conseguido un proyecto que te ilusionaba. Y, por otra parte, también hay una sensación como de depresión, de abandonar un mundo que has estado habitando muchos meses. A veces, necesitas un poco de transición.

Nada que perder: una investigación periodística que marca los tiempos
Cubierta de Nada que perder

Blanca regresa a su pueblo cuando recibe la llamada de un periodista, Lois Lobo, quien le informa de que han aparecido los cadáveres de Hugo y Nicolás, sus amigos de la infancia, desaparecidos hace 25 años.

Un punto de partida rompedor que pone en alerta al lector para averiguar qué les sucedió a los niños como para que se esfumaran y aparezcan tantos años después.

S. N.: En esta novela, hay algunos datos de una investigación. ¿En este punto sí has tenido que documentarte y hacerte una guía antes de empezar a escribir?

S. F.: No, es un tipo de novela donde no hay mucha labor de documentación. Hay más trabajo de creación de personajes, de su psicología…

S. N.: ¿Algún personaje te ha resultado más difícil?

S. F.: Por una parte, están los personajes y, por otro lado, la relación entre los personajes. He dedicado tiempo a cuidar esas relaciones y el universo familiar de Blanca. Hay muchos flancos abiertos, no es una novela unidireccional.

S. N.: ¿Podemos ver algún rasgo tuyo en Blanca, la protagonista femenina de Nada que perder?

S. F.: Estoy convencida de que, en todos los personajes, el escritor se transparenta. Cuando escribes, tienes que echar mano de todo lo que tienes: de un libro, de una serie, de una película, de lo que te han contado… El proceso creativo es así: vampírico.

S. N.: ¿Qué significan para ti las localizaciones en las que ambientas la novela?

S. F.: Yo me he criado en Galicia, pero no exactamente en esa zona. Digamos que la Galicia costera tiene características similares.

S. N.: Aludiendo al título de la novela, Nada que perder, ¿en qué situación una persona llega a decir esto?

S. F.: El título me viene del poema de Elizabeth Bishop, El arte de perder. Empezamos a perder desde que nacemos, y tenemos que acostumbrarnos porque eso es la vida. Hay que interiorizarlo, no pasa nada.

Una verdad escondida durante años
El viaje de Blanca no solo será para ayudar en la investigación periodística a Lois Lobo sino para reencontrarse con su pasado en el sentido más amplio. ¿Cómo encajará la mujer las verdades ocultas de su familia?

S. N.: El tío de Blanca le dice «tú siempre con tantas ganas de saber más». ¿Qué lleva al ser humano, o a ciertas personas, a tener siempre que indagar en el pasado?

S. F.: Yo creo que es una necesidad. Pero, a veces, hay que perseguirla con cautela porque hay cosas que es mejor no remover. Pero, por otra parte, la curiosidad y la necesidad de saber es innata al ser humano.

S. N.: Precisamente esa necesidad lleva a Blanca a descubrir un secreto familiar que le habían ocultado. ¿Por qué a veces se ocultan las cosas a los niños, cuando ellos entienden bastante y, al descubrir de mayores, les hará más daño?

S. F.: Un exceso de proteccionismo no es bueno. Los niños son seres inteligentes y con criterio. Una cosa es protegerlos, pero otra cosa es infantilizarlos. No hay que crearles versiones edulcoradas de las cosas.

S. N.: En Nada que perder, tiene un peso muy importante el Periodismo. ¿Qué es para ti esta profesión?

S. F.: A mí me parecía muy interesante hacer protagonista a un periodista local, porque he vivido toda mi vida rodeada de periodistas. De alguna forma, es un mundo que conozco y me fascina. No soy periodista, pero colaboro en prensa.

S. N.: El final queda un poco inconcluso, porque no es una novela policiaca al uso. ¿Quieres que el lector saque sus propias conclusiones o, quizá, has pensado en escribir una segunda parte?

S. F.: No, no era esa mi intención. Me gusta que el lector vaya atando cabos por su cuenta y vaya haciendo su lectura. Tengo la convicción absoluta que no hay nada que mate más a una novela que el exceso de información. En esta novela, los protagonistas han cumplido su objetivo. No soy partidaria, como lectora, de que te lo den todo hecho.

Susana Fortes. Foto de archivo © Corina Arranz
Susana Fortes. Foto de archivo © Corina Arranz

S. N.: ¿Ves posibilidad de que Nada que perder llegue a cine o televisión?

S. F.: Sí, está vendida. Nunca me había pasado que, antes de que saliera la novela, ya había tres productoras interesadas. Lo que no te puedo decir es qué productora lo hará, pero será una miniserie.

S. N.: ¿Estás escribiendo algo ahora mismo?

S. F.: Cuando estás en promoción, es absolutamente imposible.

S. N.: ¿Alguna historia en la cabeza?

S. F.: No, dame un respiro (jaja).

S. N.: Estaremos pendiente, ¡muchas gracias!

S. F.: Gracias a ti.

Sara Niño

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