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Reyes Calderón: «Llega un momento que empatizo con el asesino»

Dice llegar a entender a los asesinos que protagonizan sus novelas. Y, de paso, nos deja a los lectores siempre con ganas de más. Primero fue Lola Machor en la saga iniciada con Las lágrimas de Hemingway; ahora es la doctora Padierna, en El juego de los crímenes perfectos (Editorial Planeta). Reyes Calderón, provista de su pluma y el gran bagaje cultural que le dan los años de experiencia que posee, nos habla de esta novela. En librerías desde el pasado 23 de febrero.

Sara Niño, para InMagazine

Sara Niño (S. N.): La novela parte de los peores momentos de la pandemia. ¿Estuviste todo el confinamiento gestando la idea o te pusiste directamente a escribir y ya no paraste?

Reyes Calderón: Yo gesto bastante. Hasta que doy a luz pasa tiempo, sobre todo porque a mí me gusta pintar las novelas antes de escribirlas. Al ser una novela compleja, todo tiene que casar muy bien y, si no no lo tienes previsto desde el principio, es difícil que luego case bien. Tiene un punto en que empezó a bullir y fue cuando leí la circular que prohibía hacer autopsias porque los virus se podían difuminar. Enseguida pensé «esta es la ocasión perfecta para alguien que quiera matar a su vecino; seguro que piensan que ha muerto de covid, no van a mirar el cadáver». Era el momento para un crimen perfecto. Y luego esa imagen terrible del Palacio de Hielo en que no se veía el hielo… La novela comienza cuando ya se ve el hielo, pues solo queda un cadáver.

S. N.: ¿Cómo viviste tú el confinamiento?

Reyes Calderón (R. C.): Mal, como todos. En mi caso, tenía hijos dispersos por el mundo y en países donde la sanidad no tenía muchos medios así que me los traje. He estado con seis de mis hijos y sin marido porque es médico y no podía venir a casa. Gracias a dios no tengo que llorar a ningún familiar.

S. N.: En la novela hablas muy bien en términos médicos. ¿Tu marido ha sido tu mayor fuente de información?

R. C.: Tengo dos hijos médicos. Una de ellas empezó la residencia precisamente en la pandemia y me ha hecho vivir de su mano su primer muerto. Esas experiencias las he vivido de primera mano, he tenido mucha ayuda en ese sentido.

S. N.: Ya que te has adentrado en la Sanidad Pública, ¿has tenido conocimiento de que haya habido alguna trama corrupta?

R. C.: Bueno, en realidad, un hecho como la pandemia saca lo mejor y lo peor de nosotros mismos: el estraperlo, el mercado negro… Eso ha ocurrido siempre, y también ha ocurrido durante la pandemia. Quizá tratemos un poco más en verlo, porque todavía la tenemos encima, pero estoy totalmente convencida.

S. N.: El juego de los crímenes perfectos… ¿Existe el crimen perfecto, a tu modo de ver?

R. C.: Si entendemos por crimen perfecto el que no se haya podido hacer justicia, por supuesto que existen. Hay asesinatos sin resolver, que, para el asesino, son crímenes perfectos. Pero estoy convencida de que hay algunos que no sabemos que han sido asesinatos y son también crímenes perfectos.

S. N.: En un momento de la novela comienza a plantearse que el asesino pueda ser una mujer, pero hasta ese momento los policías buscan a un hombre. ¿Por qué tendemos a pensar que el asesino es un hombre y no una mujer?

R. C.: Primero, por estadística: la mayoría de los asesinos en serie son hombres. Quizá porque los asesinos tienen falta de empatía, y que una mujer tenga esa falta de empatía es más difícil.

S. N.: En un momento dado, el asesino dice que no busca hacer justicia. ¿Qué busca un asesino?

R. C.: Yo le veo un asesino bastante exhibicionista. Busca que le reconozcan lo inteligente que es; jugar con la policía y quedar siempre como ganador.

S. N.: ¿Cómo trazas ese personaje del asesino? ¿Llegas a entenderle?

R. C.: Eso es lo que intento. Tengo que meterme tanto en su piel que tengo que hablar como él. Leo mucha psiquiatría y estudio casos de asesinos reales. Y no sé lo que hay en mi mente que llega un momento que empatizo con él y escribo como él. Y me da miedo; de hecho, hay momento en los que he dormido con un cuchillo en la mesilla. Sé que es irracional pero yo me sentía más a gusto.

Reyes Calderón. Foto: Carlos Ruiz B. K.
Reyes Calderón. Foto: Carlos Ruiz B. K.

Reyes Calderón: «Siempre estoy escribiendo»

S. N.: ¿Te animas a iniciar una saga como la de Lola Machor?

R. C.: Lola Machor está de vacaciones. Pero la verdad es que me apetece que la doctora Padierna vuelva a escena. Bueno, vamos a esperar a ver qué nos depara el destino.

S. N.: ¿Te vas a centrar solo en la promoción de esta novela o ya estás escribiendo otro libro?

R. C.: Yo estoy siempre escribiendo. Necesito expresarme, y mi forma es escribir, pintar… Necesito el arte; forma parte de mi vida y no sé vivir sin él.

S. N.: ¿Cómo te organizas el día? ¿Cuándo escribes?

R. C.: Por la tarde, cuando termina la jornada laboral y las cosas de casa. Me meto en mi cuarto, que, aparentemente, es un caos pero para mí está ordenado. Allí hay pintura, mezclada con papeles, libros, cajas… Me encierro ahí y empiezo otra vida.

S. N.: ¿Hay algún proyecto para llevar tus novelas al cine?

R. C.: Ha habido un par de ellos. Todavía no han cuajado pero espero que alguna de las veces cuaje. Yo lo veo; son novelas que no están escritas como un guion de cine pero sí me parecen cinematográficas.

S. N.: ¿Te animarías a escribir otro género?

R. C.: Siempre he escrito novela histórica pero siempre había suspense, un espía. Me atrae la condición humana en sus dos extremos: en la capacidad de hacer el bien y en la capacidad tan negra que tenemos.

S. N.: ¡Muchas gracias por habernos atendido!

R. C.: ¡A ti!

Sara Niño

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