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Mayte Magdalena: «Cuando no se las recuerda, las personas mueren»

Mayte Magdalena. Foto: Javier Ocaña

Mayte Magdalena: «Cuando no se las recuerda, las personas mueren»

Zapatos de lluvia fue el pistoletazo de salida de Mayte Magdalena en 2025, aunque la autora llevaba muchos años escribiendo y guardando lo escrito en el cajón sin pensar que sería publicado, tal y como ella misma nos cuenta. Otra de esas historias a la que dio forma hace años es Vientos de ira, que salió a venta el 18 de marzo en NdNovela y que continúa con los personajes principales de la primera. Hoy hemos hablado con Mayte en planea Gran Vía madrileña.

Sara Niño para IM

IM: Tras Zapatos de lluvia, ambientada en la Guerra Civil Española, en Vientos de ira trasladas a los personajes a la posguerra. Además de los testimonios que recogen tu pasado familiar, como ya tuviste en la primera, ¿qué otras fuentes de documentación has usado en esta segunda novela?

Mayte Magdalena: Yo primero tengo los recuerdos. Hago la documentación testimonial y, después, hago encajar los recuerdos en la historio. Pero, como lo que quiero es hacer una ficción, a veces me permito ciertos lujos y alguna cosa la muevo para que me cuadre la historia que quiero contar.

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Mayte Magdalena publica Vientos de ira. Foto: Javier Ocaña

He leído muchísimo, porque hay dos exilios y hay muca literatura sobre los exiliados a Francia pero muy poca sobre los exiliados a Portugal. Entonces, sí que es verdad que hay que darle vueltas y vueltas.

IM: ¿Aproximadamente, cuánto has estado documentándote, antes de ponerte a escribir?

Mayte Magdalena: Es que no funciono así. Soy muy caótica: voy escribiendo y, según me encuentro con las dificultades, a lo mejor me paso días leyendo sobre determinados temas. Y, cuando termino la novela, hago una última pasada de mis notas; busco más información si me falta. No soy nada estructurada.

IM: Tan solo ha pasado un año desde que publicaras Zapatos de lluvia. ¿Ya tenías escrita Vientos de ira? Porque es muy poco tiempo para una novela de este calibre…

Mayte Magdalena (M. M.): Estaba escrita ya. Yo empecé a escribir porque quería escribir, pero nunca tuve ninguna pretensión de publicar. Entonces, yo terminaba de escribir y lo metía en el ordenador.

Esta novela me llevó entre tres y cuatro años. También es cierto que no estaba en las condiciones que estoy ahora porque ahora puedo escribir con más tranquilidad, pues estoy jubilada. Cuando escribí Vientos de ira, era más complicado, porque estaba trabajando.

IM: ¿La idea de esta novela y de indagar en ese pasado de tu familia paterna cuándo surgió?

M. M.: La historia de mi padre era tan rocambolesca que siempre tuve esa cosa. Soy de las personas que piensa que, cuando no se las recuerda, las personas mueren. Llegó un momento que, cuando había escrito Zapatos de lluvia, dije «es que se lo merece». Nos contaba las cosas en clave de humor, pero cuando y te haces mayor y entiendes más… Mi padre nunca hizo tragedia, pero te das cuenta de lo que sufrieron.

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Cubierta de Vientos de ira. Foto: Javier Ocaña

IM: ¿Has encontrado más dureza en la guerra que en la posguerra?

M. M.: He encontrado la misma dureza. En la guerra, había miedo a las bombas, las sirenas, los refugios, los militares y todas estas cosas. Pero, en la posguerra, hay otros muchos enemigos como el hambre, la miseria, las enfermedades… España está devastada y la gente no podía vivir.

Mayte Magdalena: contadora de historias familiares

IM: Tanto Zapatos de lluvia como Vientos de ira son novelas históricas que retratan episodios duros, pero también son muy esperanzadoras. ¿Con cuál de las dos has sufrido más? ¿Y con cuál has disfrutado más?

M. M.: En Zapatos de lluvia, con el final sufrí muchísimo porque esa niña de ojos verdes es mi madre. En ese momento, se me caían las lágrimas, fue muy duro. Pero, luego, todo ese trasiego de los niños que van con los padres a un campo de concentración también me resultó durísimo.

De todas maneras, cuando escribo intento sentir lo que siente el lector; me meto totalmente en la historia. A veces tengo que parar y respirar… Pero igual me rio y me lleno de esperanza. Lo vivo (risas).

IM: En esta novela tenemos a dos mujeres muy fuertes, Sonsoles y Paola. ¿Con cuál de las dos te sientes más identificada, si es que hay algún rasgo tuyo en ellas?

M. M.: Son dos mujeres que, en situaciones normales, no se hubieran cruzado porque son diametralmente opuestas. La tragedia las cruza.

Sonsoles es una mujer muy fuerte, que sobrevive a la incertidumbre de no saber qué ha pasado con sus hijos y, con lo que pasa con su marido, se tiene que hacer cargo de la situación. Y, luego, tienes a Paola, que es a golpe de impulso y emoción. Esta, desde Zapatos de lluvia a Vientos de ira, ha tenido una evolución brutal: se hace una persona capaz de hacer cualquier cosa, hasta ser una persona violenta.

La amistad en tiempos de guerra

IM: En general, en la novela, se destacan los caracteres femeninos. Pero también hay personajes masculinos importantes como Manuelín. ¿Cómo los tejiste?

M. M.: Manuelín es el personaje del que todo el mundo se enamora. Y, curiosamente, es el personaje creado totalmente por mí. Es generoso, altruista y que hace por Paola lo que sea, sin nada a cambio.

Luego, tienes a Pablo, un personaje contradictorio que empieza siendo sacerdote y acaba siendo comunista. Además, es en su bondad donde termina siendo así.

IM: Decimos mucho que el amor ayuda en tiempos de guerra, pero ¿y la amistad?

M. M.: Yo creo que hay muchos ejemplos de amistad y lealtad a lo largo de las novelas. Pili y Petra son dos figuras que son más que amistad: se convierten en familia de Paola. En los tiempos difíciles, el amor y la amistad son toques necesarios para darle un poco de esperanza a la vida.

IM: ¿Qué sentiste al escribir la última palabra de Vientos de ira?

M. M.: Creo que sentí que cerraba un círculo. Soy una persona que creo que a las personas, cuando se les olvida, es cuando desaparecen. Me sentí no sé si liberada, pero dije «aquí está papá y aquí está mamá».

IM: ¿Qué quieres que siente el lector cuando lea la última palabra?

M.M.: Quisiera, primero, que su cuerpo estuviera lleno de emociones; que cerrara y suspirara. Y, segundo, que estos libros sirvieran para que hubiera una comunicación con las generaciones más nuevas; se pudiera hablar y comentar lo que supuso para España la guerra.

IM: ¿Vas a continuar con estos personajes o, como dices, has cerrado el círculo?

M. M.: He cerrado el círculo, y el epílogo de Vientos de ira deja bastante cerrado lo que yo quería escribir?

IM: ¿Tienes en el cajón alguna novela preparada?

M. M.: Tengo, tengo. Otra cosa es que se publiquen o sean del agrado de la editorial. Si me preguntas si estoy escribiendo, siempre. Leer y escribir son mis dos hobbies fundamentales. Que salgan a la luz no lo puedo saber.

IM: ¿Es posible que alguna de tus novelas se conviertan en una serie de televisión?

M. M.: Esto me lo pregunta todo el mundo. Yo digo que a mí nadie me ha dicho absolutamente nada. Tiene que haber alguien interesado en hacerlo, y no sé el alcance que tengo como escritora para hacer una serie.

IM: ¡Ojalá! Muchas gracias por atendernos.

M. M.: A vosotros.

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