Noelia Samartin: «El placer de no hacer nada es incómodo»
La doctora Noelia Samartin acaba de publicar Has venido a vivir, un libro donde reflexiona sobre esas cosas que nos imponemos como obligación y no nos dejan vivir la vida plenamente. Hablamos con ella y, por qué no, experimentamos ese placer de no hacer nada durante un ratito.
Sara Niño
P: ¿Qué es lo que nos aleja de vivir plenamente?
R: La expectativa de una vida ideal que constantemente nos recuerda que lo que estamos haciendo quizá no es suficiente. Esa comparación (muchas veces silenciosa) nos coloca en un lugar de evaluación permanente.
En lugar de vivir, estamos comprobando si estamos viviendo “bien”. Esa expectativa nos desconecta del presente porque desplaza la atención hacia lo que falta. Y, cuando la experiencia se mide desde la insuficiencia, es difícil habitarla. No es que no estemos viviendo, es que estamos más pendientes de cumplir una versión ideal que de experimentar lo que ya está ocurriendo.
P: ¿Somos nosotros nuestros peores enemigos?
R: A veces no nos lo ponemos fácil, es verdad. Podemos ser muy exigentes y sostener dinámicas que nos generan malestar. Pero no podemos analizarlo solo desde la responsabilidad individual. Vivimos en un contexto que normaliza la autoexigencia, la optimización constante y la idea de que siempre podríamos estar haciendo algo más.

Muchas de las tensiones internas que sentimos no nacen únicamente de nosotros, sino del entorno en el que estamos inmersos. Por eso, más que enemigos, muchas veces somos personas intentando adaptarnos a un marco que no siempre favorece la conexión con nuestras necesidades reales.
P: ¿Qué porción de vida debería ocupar el trabajo/ocupación laboral?
R: No hay una porción estándar. Y justamente una de las ideas centrales del libro es dejar de buscar recetas universales que nos digan cómo debemos organizarnos.
La pregunta relevante no es cuánto “debe” ocupar el trabajo, sino cuánto es coherente para ti ahora. ¿Qué importancia tiene en tu vida en este momento vital? ¿Cuánta energía puedes dedicarle sin descuidar otras áreas que también son valiosas? ¿Qué prioridades tienes hoy? La respuesta no es fija ni universal. Depende de tu contexto, tu estado actual, tus valores y tus circunstancias. Y asumir esa variabilidad es una forma de salir de la lógica de la comparación constante.
Noelia Samartin nos invita a revisar los hábitos
P: ¿Y qué hacemos con esos hábitos que nos imponemos como obligatorios (ir al gimnasio, a la peluquería, etc.)?
R: En el libro invito a relacionarnos con los hábitos de otra manera. No desde la imposición, sino desde la conexión con el cuerpo, el autoconocimiento, la coherencia con el contexto y el placer.
Cuando un hábito se sostiene solo por obligación, suele generar tensión. En cambio, cuando se elige desde el cuidado y la escucha, deja de sentirse como una carga. La acción puede ser la misma, pero el lugar interno desde el que la realizamos cambia. El objetivo no es abandonar los hábitos, sino revisar desde dónde los estamos manteniendo.
P: ¿Qué es el “Síndrome de Estocolmo de los Hábitos”, del que hablas en el libro?
R: No es un síndrome real, es un símil que utilizo para explicar una dinámica frecuente. A veces mantenemos un hábito por inercia y obligación. Lo sostenemos para evitar la sensación de fracaso que aparecería si lo dejamos, o para proteger la imagen que tenemos de nosotros mismos.
En ocasiones confundimos ser con hacer. Pensamos que si dejamos de hacer algo, dejamos de ser esa persona disciplinada, constante o saludable que creemos que debemos ser. Y esa identificación hace que mantengamos rutinas que quizá ya no encajan con nuestro momento vital.
P: Y cuando sentimos placer, ¿qué sucede? ¿Por qué a veces nos sentimos culpables?
R: Culturalmente, el placer se ha vinculado muchas veces a la desmesura o al peligro. Aunque hoy parezca que esa visión ha cambiado, en realidad solemos legitimar el placer cuando es merecido o productivo.
El placer de no hacer nada sigue siendo incómodo. Nos resulta más fácil sustituirlo por placeres “rentables”: dormir para rendir mejor, hacer deporte porque es saludable, socializar porque es bueno para el bienestar. Cuando el placer no tiene justificación, puede aparecer la culpa. Y esa culpa nos dice mucho del tipo de relación que mantenemos con el descanso y el disfrute.
Qué es y cómo funciona la ciencia cognitiva corporizada
P: Siempre hemos creído que el cerebro lo controla todo, pero la ciencia cognitiva corporizada cuestiona esta teoría. ¿Cómo influye el cuerpo en la mente?
R: La influencia es recíproca y bidireccional. El dualismo cartesiano que separa mente y cuerpo no recoge bien cómo funciona nuestro organismo.
Cada vez hay más evidencia que muestra que procesos que considerábamos puramente mentales están modulados por el cuerpo. Por ejemplo, la atención puede variar en función del latido cardíaco o de la fase de la respiración. Esto nos recuerda que no somos una mente que habita un cuerpo, sino un sistema integrado en el que lo corporal y lo cognitivo se influyen mutuamente de manera constante.
P: ¿Cómo debería ser nuestro día para sentir que hemos vivido?
R: Lo importante es evitar ese “debería”. Cuando convertimos el día en una estructura normativa de cómo tendría que ser para considerarlo válido, volvemos a caer en la lógica de la exigencia.
Sentir que hemos vivido no depende tanto de cumplir un formato ideal de día como de haber estado presentes en lo que ocurrió. La exigencia de optimizar cada jornada puede alejarnos justamente de la experiencia que queremos tener.
P: En definitiva, ¿el tiempo nos manda o nosotros debemos mandar en el tiempo?
R: La realidad es que el tiempo nos manda más de lo que solemos reconocer. Nos despertamos, comemos y dormimos en función del reloj y del calendario. Nuestra vida cotidiana está organizada alrededor de estructuras externas.Tenemos cierta capacidad de adaptación a esos horarios, pero el cuerpo sigue enviando señales sobre sus propias necesidades. Las sensaciones nos informan de cuándo necesitamos descanso, pausa o actividad. Ignorarlas sistemáticamente tiene un coste.
No se trata tanto de dominar el tiempo como de tomar conciencia de cómo estamos organizando nuestra vida y qué espacio dejamos para escuchar nuestras propias señales.
P: ¡Muchas gracias por atendernos!
R: Gracias a vosotros por abrir espacio para reflexionar sobre algo que, en el fondo, nos atraviesa a todos: cómo vivir sin convertir la vida en una tarea pendiente
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