Mireia Yévenes: «En Sugarkiller he comprendido una realidad que pensamos que nos queda lejos»
Sugarkiller es una novela que mezcla thriller con retrato social del mundo de los sugarbabies por Internet. Un asunto del que poco se habla, al menos en literatura, y al que Mireia Yévenes planta cara y pone nombre y apellidos, al tiempo que traza una novela original y trepidante.
Sara Niño
IM: ¿Tuviste claro desde el inicio que la novela iba a ser un thriller?
Mireia Yévenes: Sí, de hecho era mi deseo inicial. Lo que pasó después es que terminé conjugando géneros, creando uno de nuevo. Supongo que estoy tan acostumbrada a leer de todo, que yo misma termino aportando colores y matices de otros géneros al que tengo entre manos. ¿No va de eso la autenticidad?
IM: ¿Cómo es la protagonista de Sugarkiller?
Mireia Yévenes: Macarena es una chica con una doble vida y cree ser la única que lo sabe. Carga a sus espaldas un pasado complicado y con él el motivo de su vida secreta. Macarena es principalmente camaleónica: tiene la habilidad de encarnar personajes creados de cero y con ellos conseguir cualquier objetivo. Sin embargo, como nos pasa a todas las personas, tiene un lado inseguro, sobre todo cuando los planes no salen como ella tenía controlado.
Una historia que empieza con un contacto real con el mundo «sugarbabies»
IM: Estudia Bellas Artes, como tú hiciste hace años. ¿Cuánto vamos a ver de Mireia en la protagonista de la novela?
Mireia Yévenes (M. Y.): De mí hay realmente poco más que las sensaciones y descripciones de la facultad y de la vida de estudiante de arte. En cambio, hay mucho de mí en la manera de ver y narrar, en la sensibilidad, en la ironía de la que disfruta la protagonista. Su voz, a veces, se torna la mía.

IM: ¿Hasta dónde te has tenido que introducir en el mundo de los sugar babies para poder documentarte de cara a escribir la novela
M. Y.: Por suerte, no mucho. Todo esto empezó hace cuatro años, cuando estaba terminando Bellas Artes, que comencé a recibir mensajes de sugar daddies por Instagram. Al principio eliminé los mensajes, pero eran tan recurrentes que decidí coleccionarlos e investigar.
Cuando lo comenté con amigas y compañeras no solo descubrí que no era la única que los recibía, sino cómo funcionaba este mundo. Y no ha sido hasta hace relativamente poco que he tenido el placer de conocer a dos personas que fueron sugar baby en su pasado y pudieron contarme mucho más en detalle.
IM: ¿Qué es lo que más te ha impactado de este mundillo?
M. Y.: Me impacta la frialdad con la que las personas con poder son capaces de abusar de él a costa de intimidad. Y, por otro lado, me aterra lo fácil que es conectar con estos intercambios hoy en día, a través de las redes sociales, sin información y sin tener consciencia de las consecuencias y peligros que puede haber en un futuro.
Lo público y lo privado están mezclándose con demasiada soltura, para mi gusto y creo que es una línea que todos deberíamos tener clara dónde está.
IM: ¿Qué peligros destacas y dirías: «Si te pasa esto, huye”?
M. Y.: Invitaría a huir en el momento en el que lo pactado no se respeta por uno de los dos componentes del intercambio: válido para sugar babies, pero también para cualquier persona enamorada.
A veces pensamos que los peligros están en los mundos oscuros, pero nadie está libre de dar con una persona que ejerza violencias físicas o psicológicas. Por lo tanto, el consejo sería: Si lo que haces no te termina de hacer sentir 100% bien, si la otra persona no respeta tus límites o cuida de ti, tus emociones y seguridad, sal de ahí.
Mireia Yévenes se adentra en el desconocido mundo de los sugar babies
IM: ¿Y has sacado algún aprendizaje positivo tras investigar el tema?
M. Y.: Más que aprendizaje positivo he comprendido un poco más una realidad que a veces pensamos que nos queda lejos o que solo viven personas con familias desestructuradas o con otras interseccionalidades.
Más allá de pretender ser moralista con cualquier persona que decida ser sugar baby o intercambiar su intimidad por dinero —de la manera que decida—, lo que pretendo es señalar las diferencias socioeconómicas que el patriarcado sigue ejerciendo, perjudicando mayoritariamente a las mujeres. Y, por ende, señalar a las personas que deciden abusar de dicho poder.
IM: ¿Crees que debería hablarse más públicamente de los sugar babies?
M. Y.: Sí, tengo la sensación de que es un contexto prácticamente inexistente en la literatura y mucho más común en nuestra vida diaria de lo que nos pensamos. Quizá no siendo sugar babies como tal, pero sí con el uso de otras aplicaciones como Only Fans o la exposición de la vida privada a cambio de seguidores y likes.
IM: ¿Qué mensaje, además del propio de una novela (entretener, disfrutar, etc.), quieres que quede en los lectores?
M. Y.: En esta novela —saliéndome del thriller puro— pretendía investigar cómo se genera intimidad entre diferentes vínculos. Algunos son muy agradables para el lector y, por lo tanto, casi que se dan por hecho, pero otros pueden parecer más turbios e incómodos.
Sin embargo, al fin y al cabo, en todos nuestros vínculos más cercanos hay cierto intercambio de vulnerabilidades, o por lo menos, eso es lo que debería de haber para que podamos crear conexiones más reales. Mediante los vínculos que genera Macarena invito al lector a preguntarse cómo crea los suyos y a comprender por qué a veces puedes encariñarte tanto de quién más repudias.
IM: ¿Estás ya escribiendo una nueva novela?
M.Y.: Tengo otra novela entre manos, de un género muy distinto, aunque siempre desde el ámbito de las sexualidades y de cómo nos atraviesan. Sin embargo, ni confirmo ni desmiento que tengo una segunda parte para Sugarkiller en mente. ¿La pedirán los lectores?
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