San Isidro y sus rosquillas: de tontas a listas, de Francia a Santa Clara

Rosquillas de San Isidro. Foto: Ginger&Soda

San Isidro, patrón de los madrileños y fiesta en la capital española, está a la vuelta de la esquina. Este año, el 15 de mayo es sábado y, al igual que en 2020, debido a la pandemia, la pradera no se llenará de chulapos y puestos de rosquillas. Sin embargo, este dulce típico no puede faltar en ninguna casa. ¿Sabéis cuál es el origen de las rosquillas de San Isidro?

Agencias

El nacimiento de las rosquillas no parece estar muy claro, aunque sí se sabe que habría que remontarse a varios siglos atrás, alrededor de la Edad Media. Además, la costumbre de acudir a comer y bailar a la pradera surgió más adelante, allá por el siglo XIX, momento en que dicho hábito fue popularizado por la tía Javiera. «A partir de aquí, surgieron varias versiones para la cobertura de las rosquillas, que con el paso del tiempo se han convertido en los cuatro tipos: tontas, listas, de Santa Clara y francesas«, explica Moncho López, de Levadura Madre Natural Bakery.

Las tontas, la base de todas las rosquillas

Este tipo es el más sencillo de preparar (huevos, harina, azúcar, aceite y anís) y se usa como base en el resto de variedades. Por su parte, las listas lucen un glaseado de azúcar, huevo y limón que las hace más dulces y jugosas que las tontas; las francesas están cubiertas por azúcar glass y almendras y las creó el repostero de Fernando VI, ya que a su mujer no le gustaban las que existían; y, por último, las de Santa Clara provienen del convento de la Visitación, donde las monjas de Santa Clara añadieron a la base de las rosquillas un merengue blanco. ¿Y tú, de qué rosquilla eres?

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