Leticia Sierra: «El animal que lleva dentro el ser humano mata por placer»

Leticia Sierra

Animal es la primera novela de Leticia Sierra, quien nos confiesa que le costó mucho arrancarse a escribir esta historia porque siempre encontraba una excusa. Hasta que un día ya no pudo poner más «peros»: «Mi marido se plantó en casa con un notebook y me dijo que ya no tenía ninguna excusa para no ponerme a escribir«, nos cuenta. Hablamos con Leticia Sierra.

Sara Niño (S. N.), para InMagazine

S. N.: En primer lugar, felicitarte por esta novela tan adictiva que atrapa al lector (al menos, a mí me ha enganchado mucho). En segundo lugar, imagino que has necesitado documentarte mucho sobre procedimientos policiales, criminalística, medicina, etc. ¿Cuánto tardaste en recabar toda esta documentación?

Leticia Sierra: Meses, en realidad. Y, aun así, parte de ella la fui recabando conforme iba avanzando con la historia, pues a medida que la trama va evolucionando y cobrando vida, van surgiendo nuevas dudas del procedimiento que, gracias a dios, pude ir solucionando sobre la marcha y a tiempo real con mis fuentes.

S. N.: Llevabas tiempo mascando la historia… ¿Qué fue lo que te impulsó a sentarte a escribirla?

Leticia Sierra (L. S.): Un empujón de mi marido. No me animaba a poner la historia sobre el papel y no hacía más que poner excusas del tipo “que si”: que si no tengo tiempo, que si el trabajo no me lo permite, que si. La última que puse fue que no tenía un portátil pequeño y manejable, que pudiera llevar conmigo y me permitiera escribir en cualquier parte. Así que mi marido un día se plantó en casa con un notebook y me dijo que ya no tenía ninguna excusa para no ponerme a escribir.

Cubierta de 'Animal', de Leticia Sierra
Cubierta de ‘Animal’, de Leticia Sierra

S. N.: ¿Cómo has construido los personajes? ¿Hay alguno en especial que te supuso un gran esfuerzo?

L. S.: Los personajes los construyo empezando por el exterior, es decir, por su aspecto físico y los voy desgranando hacia dentro, su forma de ser, de pensar, de actuar, sus reacciones ante las situaciones que se plantean en el libro para terminar con su entorno familiar y su historia pasada… Dentro del proceso creativo, dotar de vida a los personajes es de las partes más bonitas, junto con la fase de documentación.

En cuanto a qué personaje me costó más crear… todos por igual. No hubo ninguno que supusiera un esfuerzo especial. Sí te digo que me resulta siempre más difícil crear y darles forma a los personajes buenos que a los villanos.

S. N.: Se nota que eres una gran conocedora del periodismo. ¿Has querido homenajear en Animal a los compañeros de profesión, que tanta fama de entrometidos tenemos, a través de una periodista (Olivia Marassa) con garra y con la honestidad por bandera?

L. S.: Es que los periodistas somos entrometidos, pero yo no lo veo como un defecto -llevado con mesura- sino como una virtud. Nuestro trabajo consiste en buscar, perseguir la verdad y, muchas veces, para conseguirla hay que meter las narices donde no nos gusta ni a los propios periodistas. 

El personaje de Olivia Marassa efectivamente me da pie para llamar a las cosas por su nombre y me permite rendirle homenaje al Periodismo, en general, y al periodista, en particular, ya que es un profesional cuyo trabajo, a veces, no está todo lo bien entendido que se merece. Desde fuera se desconoce cómo es la profesión: mal pagada, sin horarios fijos, con tiempos y ritmos estresantes que apenas dejan espacio para la vida personal, con presiones por parte de la dirección del medio, pues a veces hay que ceñirse a una línea editorial, y presiones por parte de los personajes que copan los titulares, que, en el caso del periodismo local, que es el que ejerce Olivia Marassa, esos personajes son tus vecinos, con los que coincides en el bar o comprando el pan.

Y al mismo tiempo he querido hacer autocrítica con la profesión, reflejar ese debate ético en el que se mueve constantemente el periodista: la diferencia entre lo que se puede publicar y lo que se debe publicar o, al menos, cómo se debe publicar, para evitar convertir una información periodística en puro morbo.

S. N.: En la novela vemos cómo la maldad de un hombre adulto destroza la vida de varias personas. Por desgracia, esto sucede en la vida real. ¿Qué opinión te merece el tema? ¿Crees que la Justicia no es lo suficientemente dura con los pederastas?

L. S.: Por desgracia, la realidad supera la ficción siempre. El subinspector de Delitos Tecnológicos que me ayudó con la documentación del libro revisó el manuscrito una vez terminado para detectar posibles errores por mi parte en el procedimiento. Yo le pregunté si no me habría pasado con la brutalidad de la historia y la crudeza de los detalles narrados. Me respondió que era muy, muy suave en comparación con lo que tenían que ver ellos a diario. 

Lo que cuento en el libro ocurre. De hecho, está ocurriendo ahora mismo mientras hablamos. Y seguirá ocurriendo porque el ser humano es capaz de barbaridades para infringir el máximo dolor y daño a otro ser humano, sintiendo placer en vez de remordimiento.  

En cuanto a tu pregunta sobre la justicia, en nuestro país la justicia deja bastante que desear y, desde luego, no es igual para todos. No sé si es debido a una inadecuada tipificación de los delitos en el código penal o por laxitud de los jueces. Pero el caso es que a veces da coraje y da la risa -por no llorar- cuando ves que se criminaliza a la víctima y los delincuentes (ya sean asesinos, violadores, pederastas, estafadores o ladrones de guante blanco) a los cuatro días están en la calle. Y lo que es peor, algunos pavoneándose en las redes sociales o en persona, en la misma calle donde reside la víctima o la familia de la víctima. Y no se hace nada al respecto.

Viendo esto -y se ve a diario, sólo con encender la tv y poner los informativos- imagino que el trabajo policial pueda llegar a ser incluso frustrante cuando encierras a un animal hoy y has de verlo salir de la cárcel mañana como si tal cosa. A mí, como simple ciudadana, me revuelve, me hace sentir vulnerable y me plantea cuestiones poco éticas que he querido trasladar al libro y compartir con el lector.

S. N.: ¿Es peor una persona a la que calificamos “animal” que un animal (ser vivo) en sí mismo?

L. S.: Sí, sin duda. Un animal, de cualquier especie, normalmente solo mata para comer y para defenderse o defender a la manada y el territorio en el que vive.

El animal que lleva el ser humano dentro lo hace por placer, por poder, por venganza, por avaricia, por satisfacción personal en el hecho de hacer daño a otro ser humano y con plena consciencia de lo que está haciendo. 

S. N.: ¿El final lo premeditaste o surgió mientras escribías la novela?

L. S.: Antes de ponerme a escribir ya tenía el libro perfectamente estructurado e hilado, final incluido. El final no puede quedar a la improvisación.

S. N.: ¿Te gustaría que Animal fuera llevado al cine o la televisión?

L. S.: Me encantaría. Y como soñar es gratis -y yo soy una soñadora empedernida-, me veo hasta en la alfombra roja de Los Goya. Pero ahora mismo me conformo con que se vendan muchísimos ejemplares del libro en todos los formatos. 

S. N.: ¿Tienes entre manos algún otro proyecto literario?

L. S.: Me gustaría que Olivia Marassa y el inspector Castro pudieran seguir dando guerra. 

S. N.: ¡Muchas gracias y mucho éxito!

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